top of page

Las personas que hacen posible que todo funcione

28 ago
7 min de lectura

Visitamos el Lycée de Nguéniène junto a Gabi Mamadou Diouf, miembro del equipo de Bicicletas sin Fronteras en Senegal y antiguo trabajador del centro durante diez años, para conocer a las personas que hay detrás de uno de los institutos más implicados en el proyecto Bicicletas para la Educación.

Durante nuestro último viaje a Senegal, el pasado mes de junio, visitamos varios de los institutos que forman parte del proyecto Bicicletas para la Educación. Además de comprobar el estado de las bicicletas, conocer el trabajo de los mecánicos y reunirnos con los equipos educativos, estos viajes nos permiten hacer algo que para nosotros es cada vez más importante: escuchar a las personas que gestionan el proyecto cada día y aprender de ellas.


Uno de los centros que visitamos fue el Lycée de Nguéniène. Es un instituto que conocemos bien y con el que existe una relación especialmente cercana, la coordinación con nuestro equipo en Senegal es constante, las bicicletas se mantienen en muy buen estado, las incidencias se comunican y resuelven con rapidez y, sobre todo, existe una implicación muy grande por parte del equipo del centro.


Pero detrás de ese buen funcionamiento hay muchas personas, esta vez quisimos conocerlas un poco mejor, y en esta ocasión tuvimosn el lujo de poder hacerlo con el mejor anfitrión posible, “Gabi” Mamadou Diouf, nuestro último fichaje, responsable de sensibilización del proyecto de Bicicletas sin Fronteras en Senegal y alguien para quien atravesar las puertas del Lycée de Nguéniène significa mucho más que visitar uno de los institutos con los que trabajamos.

Volver al lugar donde trabajaste durante diez años. Antes de incorporarse al equipo de Bicicletas sin Fronteras, Gabi dedicó una buena parte de su carrera profesional al sistema educativo senegalés. Primero trabajó en una escuela primaria y posteriormente en un collège como supervisor, hasta que llegó al Lycée de Nguéniène, donde permaneció durante diez años. Allí ejerció como intendente (intendant), un puesto desde el que era responsable de la gestión financiera del centro y de la correcta ejecución de su presupuesto, siempre bajo la supervisión de la dirección. También coordinaba al personal de apoyo, entre ellos el personal de mantenimiento y los vigilantes, y supervisaba los trabajos de construcción y reparación que se realizaban en el instituto.


Diez años dan para conocer muy bien un lugar, pero sobre todo para conocer a las personas que lo hacen funcionar. Por eso, recorrer el lycée de Nguéniène junto a Gabi fue también una manera diferente de descubrir el instituto. A medida que avanzábamos por sus instalaciones, nos iba presentando a antiguos compañeros, explicándonos qué responsabilidad tenía cada uno y ayudándonos a entender cómo se organiza un Lycée senegalés desde dentro.


Ahora Gabi vuelve a ese mismo lugar desde una posición diferente, ya no forma parte de la plantilla del instituto, sino del equipo de Bicicletas sin Fronteras, y este nuevo rol le permite seguir vinculado a un centro al que dedicó una década de su vida profesional.

Él mismo nos explica lo que significa regresar:


«Cada vez que atravieso la puerta del Lycée siento emoción, pero sobre todo orgullo. Es un lugar al que he dedicado una buena parte de mi carrera profesional. Hoy, Bicicletas sin Fronteras me ofrece la oportunidad de volver a sumergirme en ese ambiente extraordinario y de seguir en contacto con alumnos, profesores, familias y personal de la administración. Ahora me he convertido en un enlace entre el instituto y el proyecto.»


Escucharle mientras recorríamos el centro nos hizo pensar también en todo el trabajo que existe detrás de un proyecto como Bicicletas para la Educación, porque cuando vemos a los estudiantes salir del instituto en sus bicicletas amarillas, la imagen parece sencilla, sin embargo, para que cada una de esas bicicletas pueda estar todos los días en los caminos hace falta organización, mantenimiento, seguimiento y, sobre todo, personas comprometidas.


Conocer el proyecto desde dentro

Al frente del Lycée se encuentra Ndeye Awa Thiam, directora del centro (Proviseur) y máxima responsable de su funcionamiento. Es quien supervisa la administración general del instituto, gestiona el presupuesto, autoriza los gastos y coordina las diferentes áreas que permiten que una comunidad educativa de estas dimensiones funcione cada día.

 

Su papel es también fundamental para Bicicletas para la Educación. Con los años hemos aprendido que la implicación de la dirección es una de las piezas más importantes para que el proyecto tenga continuidad. Podemos llamarlo compromiso, implicación, utilizar el término engagement, tan habitual hoy en día, o decirlo de una forma mucho más sencilla, como lo hace Gabi: “hacer suyo el proyecto”. Porque cuando un equipo directivo siente el proyecto como propio, deja de percibirlo como algo que llega desde fuera y empieza a integrarlo en el día a día del instituto.

Muy cerca de esa responsabilidad se encuentra Birago Binga, jefe de estudios (Censeur des études). Su labor consiste en organizar toda la actividad académica del instituto: elabora los horarios, vela por el cumplimiento de los programas, planifica las evaluaciones y coordina los consejos y reuniones del profesorado. Además, cuando la directora no está presente, es quien asume temporalmente sus funciones.


A medida que Gabi nos explicaba la estructura del centro entendíamos mejor que cada responsabilidad está conectada con las demás. La dirección necesita de la organización académica, la actividad diaria necesita seguimiento y el funcionamiento de un instituto con tantos alumnos requiere también controlar y cuidar todos los recursos disponibles.

Ahí aparece otra figura especialmente importante para nuestro proyecto, y una de las personas con las que más contacto tenemos en el día a día de la coordinación del proyecto: Baye Moussa Ndao, responsable del patrimonio y los materiales del Lycée (Comptable des matières).

Su trabajo consiste en gestionar los bienes del centro y mantener el registro de las entradas y salidas de material bajo la supervisión de la dirección.

En Bicicletas para la Educación, además, su función va un poco más allá. Baye Moussa trabaja estrechamente con el mecánico y es uno de los principales enlaces entre el Lycée y nuestro equipo en Senegal. El seguimiento de las bicicletas, las necesidades que puedan surgir y buena parte de la comunicación cotidiana relacionada con el proyecto pasan por él.



También conocimos a Ibrahima Diallo y Ousmane Top, supervisores del instituto (Surveillants). Su responsabilidad está directamente relacionada con la convivencia y el funcionamiento cotidiano del centro: controlan los retrasos y las ausencias de los estudiantes, velan por el cumplimiento del reglamento interno y ayudan a mantener el orden dentro del recinto escolar.


Y finalmente llegamos a una de las figuras más directamente relacionadas con nuestras bicicletas: Bara Deme, mecánico del Lycée (Mécanicien).

Su taller es una pieza fundamental del proyecto. Allí se realizan las revisiones, el mantenimiento y las reparaciones necesarias para conseguir que las bicicletas pasen el menor tiempo posible paradas y el máximo posible en los caminos. Bara trabaja estrechamente con Baye Moussa, combinando así la gestión y el seguimiento de las bicicletas con el trabajo mecánico necesario para mantenerlas en buen estado.

Conocer a cada una de estas personas nos permitió ver el proyecto desde otra perspectiva. Una bicicleta puede entregarse en unos minutos, pero conseguir que siga funcionando durante años requiere mucho más tiempo y muchas más manos.



¿Por qué funciona tan bien Nguéniène?

Durante la visita hubo una pregunta que nos parecía inevitable. Después de años trabajando con diferentes institutos, sabemos que cada centro es diferente y que el grado de implicación de la comunidad educativa tiene una influencia enorme sobre el funcionamiento de Bicicletas para la Educación.


En Nguéniène esa implicación se percibe con facilidad. Existe coordinación, comunicación con nuestro equipo, seguimiento de las bicicletas y una responsabilidad compartida entre las diferentes personas que participan en el programa.


Gabi conoce las dos partes. Durante diez años formó parte de la estructura del Lycée y ahora trabaja desde Bicicletas sin Fronteras acompañando al instituto desde fuera. Por eso quisimos preguntarle cuál cree que es el secreto. Su respuesta no habla de bicicletas.

«Creo que el éxito del proyecto en el Lycée depende del liderazgo de la dirección y del compromiso de las diferentes personas que participan en él. Todo se basa en una gestión horizontal y en un acompañamiento permanente y eficaz por parte de Bicicletas sin Fronteras, manteniéndonos siempre atentos a las preocupaciones y necesidades de las personas del instituto.»


Quizá ahí esté una de las principales enseñanzas que nos llevamos de Nguéniène. Durante mucho tiempo podemos hablar de diseñar una bicicleta más resistente, mejorar sus componentes, organizar un buen sistema de mantenimiento o construir un parking y un taller adecuados. Todo eso es imprescindible y forma parte del trabajo que realizamos cada día, pero hay algo que no podemos fabricar ni enviar dentro de un contenedor: el compromiso de las personas.

Cuando un equipo directivo entiende el proyecto, cuando cada persona conoce su responsabilidad, cuando el mecánico dispone de apoyo para hacer su trabajo y cuando existe una comunicación constante entre el instituto y nuestro equipo en Senegal, las bicicletas dejan de ser algo que un día llegó al centro para convertirse en una parte más de su funcionamiento.


Eso es lo que hemos encontrado en Nguéniène.

Durante la visita hicimos fotografías de cada una de las personas que Gabi nos fue presentando. Queríamos ponerles cara y nombre porque normalmente, cuando contamos Bicicletas para la Educación, las imágenes que compartimos son las de los estudiantes pedaleando, las bicicletas amarillas recorriendo los caminos o las entregas al comienzo del curso. Esta vez queríamos mirar hacia el otro lado, hacia las oficinas, los despachos y el taller, hacia quienes organizan, coordinan, supervisan, reparan y se comunican cada día con nuestro equipo para conseguir que todo siga funcionando.


Porque el proyecto no termina cuando entregamos una bicicleta, en realidad, es entonces cuando empieza el trabajo más importante. Como dice habitualmente nuestro fundador del proyecto, Romà Boule:

«Entregamos bicicletas un día al año, los restantes 364 días trabajamos para que las bicicletas funcionen»


Y en Nguéniène hemos encontrado un equipo que lleva años demostrando que, cuando un instituto hace suyo el proyecto, las bicicletas pueden seguir cumpliendo su misión curso tras curso: ayudar a que sus estudiantes tengan un camino un poco más fácil hacia la educación.


Equipo BsF

 
 
 

Comentarios


bottom of page